En este número 4 de «Conexiones no evidentes» quiero hablarte de algo, enfrentando frases de tres libros que he leído:
«Es curioso cómo algunas personas se preguntan por qué otras tienen lo que tienen sin cuestionarse lo que han tenido que hacer para conseguirlo». —Eladio Herranz Frías, El tercer día: caminando sobre ruedas.
Mi amigo Eladio escribe desde dentro. Cada mañana sale a pasear después de desayunar, siempre acompañado por su madre, su padre, alguna hermana o Yaniris, la mujer dominicana que trabaja con ellos. Lo que describe no es una escena cualquiera: es el resultado de décadas en que sus padres empezaron desde abajo y nunca pararon, combinando empresa, familia y hospital sin que nada se detuviera. La frase aparece casi entre paréntesis, como un inciso, justo cuando está explicando todo eso. No la formula desde la queja, la formula desde el punto de vista de quien ha visto de cerca lo que cuesta lo que otros dan por supuesto.
Magela Ronda cuenta en la biografía de Antonio Vega Una vida entre las cuerdas algo que no aparece en ninguna canción (o sí). A Antonio le molestaba físicamente desacentuar las palabras. Si la sílaba tónica de un verso caía en el tiempo débil de la música, paraba y reescribía. A veces cambiaba la melodía; a veces cambiaba el verso. Podía estar semanas con cuatro compases:
«Hasta que no lograba el acomodo perfecto no quedaba conforme». —Nacho Béjar, Una vida entre las cuerdas.
Quien pone un sábado por la tarde «El sitio de mi recreo» o «Lucha de gigantes», por mencionar solo dos, escucha una canción que parece haberse escrito sola. Esa es exactamente la trampa. La canción suena así porque Antonio no se permitió que sonara de otra manera. El trabajo que produjo esa fluidez quedó dentro de ella, disuelto, casi imperceptible para el oído. La simplicidad final es el resultado de un tremendo esfuerzo.
Mirar sin preguntar
La envidia hace exactamente lo contrario que hizo Antonio Vega con sus canciones. No escucha hasta entender de arriba abajo. Mira y juzga. Eladio lo formula desde otro ángulo en su libro:
«Cuando alguien camina y nos llama la atención, no lo comparamos con todas las personas que caminan. Entonces ¿por qué a los que usan silla de ruedas se les compara entre sí solo por eso?»
La pregunta parece sobre diversidad funcional, pero creo que es sobre la comparación sin más, sin mirar más allá.
Comparar mal es comparar lo visible con lo invisible: el resultado con el proceso, la obra terminada con los intentos fallidos, la foto publicada en Instagram con la vida que quedó fuera del encuadre.
El envidioso no es perezoso ni tonto, es alguien que ha dejado de preguntar. Ha sustituido la pregunta «¿qué ha hecho esta persona para llegar ahí?» por la conclusión «a este le sale fácil». Y la conclusión, una vez instalada, ya no admite datos nuevos.
Pedro Simón escribe en Los siguientes:
«Puedes tener mucho dinero, pero no puedes ser feliz si tienes envidia».
No dice que la envidia sea fea o injusta, dice que es incompatible con la felicidad.
La envidia te obliga a vivir en un mundo donde crees que a los demás les resulta fácil. Ese mundo no existe, pero mientras creas que sí tampoco existe el tuyo: estás demasiado ocupado mirando el de otros para construir el tuyo propio. Antonio Vega podía pasarse semanas con cuatro compases porque su atención estaba dentro de la canción, no fuera comparándose con quien acababa de sacar disco.
La pregunta que la envidia te impide hacerte no es solo «qué hizo el otro», es «qué estarías dispuesto a hacer tú». Y la respuesta casi siempre es: menos de lo que creías.
¿Cuánto estarías dispuesto a pagar?
Yo envidié durante un tiempo a alguien que escribía mejor que yo. Cuando me molesté en averiguar el precio que pagó (doce años, dos libros guardados en un cajón, la pérdida de su trabajo principal por dedicarse a la escritura) se me fue sola. No sé si yo lo habría pagado. Ahí, esa especie de envidia mezclada con admiración se convirtió en simple admiración.
¿Cuándo fue la última vez que envidiaste a alguien y te molestaste en averiguar el precio que esa persona había pagado?

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