He estado leyendo dos libros sobre imperfección que apuntan exactamente en direcciones opuestas.
El primero es Wabi-sabi de Francesc Miralles: esa estética japonesa que encuentra belleza en lo que está roto, incompleto, efímero. Su mensaje central es una invitación a detenerse: la grieta en la taza es la taza. La imperfección no es el problema a resolver, es la condición de lo que existe. Aceptarla es el camino hacia algo parecido a la paz.
El segundo es To Pixar and Beyond, las memorias del CFO de Pixar, Lawrence Levy. Aquí la imperfección aparece con otra cara. John Lasseter y el equipo creativo de Pixar vivían, según Levy, en el precipicio permanente del fracaso. No como resignación, sino como motor.
«La excelencia creativa es un baile al borde del fracaso, una batalla contra el atractivo de la seguridad.»
Para Pixar, la incomodidad de no ser suficientemente bueno todavía era el combustible, no algo que aceptar y disolver.
Mismo punto de partida: la imperfección existe y es real. Prescripciones completamente opuestas.
La pregunta clave
Lo curioso es que los dos libros conviven en el mismo estante sin hablarse. Y creo que eso revela algo importante: que la pregunta no es cuál de las dos filosofías tiene razón, sino cuándo aplica cada una.
Hay una hipótesis que me parece útil. El wabi-sabi habla del ser: de la persona que eres, de la vida que tienes, de la relación que no es perfecta pero es tuya. Ahí la aceptación no es rendición, es el suelo desde el que puedes moverte. Si pasas la vida resistiendo quién eres, no te queda energía para hacer nada con ello.
Pixar habla del hacer: de la historia que todavía no está terminada, de la escena que puede ser mejor, del trabajo que aún está en proceso. Ahí la aceptación prematura es el enemigo. La incomodidad de «esto todavía no es bueno» es precisamente lo que produce algo extraordinario al final.
Podrías decirlo así: te aceptas a ti mismo con wabi-sabi para poder exigirte con la intensidad de Pixar. El suelo firme de la aceptación y el precipicio productivo del trabajo en curso no se contradicen, operan en niveles distintos.
Pero hay una versión más honesta, que es la que me quedo
En el trabajo creativo siempre llega un momento en que tienes que decidir si algo está terminado. Y en ese momento, wabi-sabi y Pixar te dicen cosas contrarias. Uno dice: esto ya es suficiente, lo imperfecto tiene su belleza, suéltalo. El otro dice: todavía hay un precipicio más al que asomarte, no cedas a la seguridad.
No hay fórmula para saber cuál aplica cuándo. La persona que siempre aplica Pixar acaba agotada y sin publicar nada. La que siempre aplica wabi-sabi produce con facilidad pero nunca se empuja más allá de lo cómodo.
El juicio de cuándo parar y cuándo seguir es, quizás, la competencia más difícil del trabajo creativo. Y ninguna de las dos filosofías, por sí sola, te la enseña.

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