El ser humano, y especialmente los que habitan en el primer mundo, tiene una capacidad innata de crearse necesidades innecesarias.

Recuerdo, con cierta nostalgia, cuando viajé a un país de Sudamérica y fuimos a visitar una tribu en mitad de la selva. Uno de los avisos que el guía nos dio fue que no hiciésemos ningún regalo a los habitantes de esa tribu. De hacerlo, seguramente les estaríamos dando un objeto desconocido y, hasta ese momento, innecesario para ellos. Y podía suceder que les gustase y que, con el tiempo, se les acabase perdiendo o rompiendo y se quedasen sin el objeto pero con una nueva necesidad creada.

Obviamente aquella tribu perdida no estaba tan perdida en el momento en el que se organizaban excursiones guiadas para turistas europeos como yo. Pero me hizo pensar.

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Apple Watch. Antes de crearme necesidades.

Escribo estas líneas dos días antes de recibir mi Apple Watch, y lo hago desde el desconocimiento que tiene no haber visto nada de él más que los vídeos y reviews que, por mi trabajo, he tenido que ver y leer con atención.

A día de hoy recibo un mensaje de texto en mi iPhone y necesito sacarlo de mi bolsillo para saber quién es y qué quiere. Y lo hago tan ricamente.

A día de hoy cambio de canción pulsando el botón de mis auriculares o el de la pantalla del teléfono, sacándolo previamente de mi bolsillo.

A día de hoy he de apartar la mirada de la carretera para ver las indicaciones del navegador de mi iPhone, situado en alguna parte del coche que, quizás, no sea la más indicada.

Si salgo a andar (correr no, no corro ni cuando se me escapa el tren) llevo mi iPhone en el bolsillo para que vaya midiendo los pasos que doy y sentirme reconfortado al saber que he caminado más que ayer. Aunque no siempre que ando llevo el iPhone en el bolsillo, con lo que seguramente ando más de lo que dice mi teléfono.

Si quiero saber la posición de la tierra vs. la luna u otros planetas he de recurrir a alguna página web desde mi iPhone. No, no lo he buscado nunca porque nunca me ha interesado saberlo, pero una de las esferas que vienen de serie en el Apple Watch proporciona esa información.

Si he de responder a un mensaje necesito sacar mi teléfono del bolsillo y hacerlo.

Y lo más engorroso, si voy caminando escuchando música con el iPhone en el bolsillo y recibo una notificación he de cogerlo y mirar la pantalla para saber qué es lo que acabo de recibir.

Y yo, igual que tú, hacemos estos gestos a diario decenas de veces aunque nos resulten incómodos.

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Apple Watch. Cuando nos creamos necesidades

Dicen que cuando vas caminando con el iPhone en el bolsillo y recibes un mensaje de texto, si tienes un Apple Watch sólo has de mirar tu muñeca para ver el mensaje.

Dicen que si vas escuchando música y quieres cambiar de canción, con el Apple Watch puedes hacerlo desde tu muñeca, sin tocar el teléfono. Y lo mejor de todo es que puedes buscar la canción o lista de reproducción que quieras escuchar en ese momento sin tener que sacar el iPhone del bolsillo o de la mochila.

Cuentan también que si vas conduciendo puedes seguir las indicaciones del navegador del iPhone desplazando tus ojos hacia tu muñeca, situada en el volante, más cerca de la carretera que si miras a la pantalla del iPhone.

Los que caminan (y corren) hablan de lo cómodo que es que tu reloj mida los pasos y pulsaciones del corazón. Sobretodo los pasos porque el reloj siempre lo llevas encima a diferencia del teléfono.

El amigo del primo del hermano de un conocido mío me ha contado que una noche, mirando la luna, activó su Apple Watch, buscó la esfera que muestra los planetas y vio la posición exacta de la tierra y de la luna, justo en ese preciso momento. Incluso me contó que vio cómo de oscura estaba la parte de la tierra en la que se encontraba, comparándola con la parte del mundo donde era de día.

Y resulta que ese amigo del primo del hermano de un conocido mío responde a los mensajes de texto hablándole al reloj, sin tener que sacar el teléfono del bolsillo. Lo hace, lo envía !y llega a su destinatario!

Y no necesita sacar el iPhone mientras camina y escucha música para ver quién le ha escrito. Sólo mira su muñeca.

Apple Watch. Con las necesidades innecesarias creadas

En 2 días estrenaré mi Apple Watch y podré comprobar si lo que dicen es cierto. Y, de serlo, no dudo que muchas de esas acciones las adoptaré y las convertiré en algo cotidiano, en una forma de seguir mi camino por la vida, día a día.

Sé que algunas me gustarán y, como homo simple (y caprichoso) del primer mundo pensaré “¿cómo he podido vivir sin esto hasta ahora?”

Pero llegará el día en el que haya olvidado cargar mi reloj y me quede sin batería. O el día que me ponga en la muñeca un Tag Heuer o un Seiko. O, simplemente, llegue el día que mi Apple Watch deje de funcionar. Y ahí estaré yo (y tu) con unas nuevas necesidades innecesarias creadas pero sin el dichoso nuevo gadget.

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Apple Watch. ¿Realmente lo quiero (quieres)?

He comprado el Apple Watch por trabajo. Porque vivo de escribir artículos sobre tecnología y, en esta ocasión, me pagan casi la mitad del reloj. Y lo he comprado porque me gusta. Adoro la tecnología, pero…
Visto lo visto y después de esta reflexión, ¿estamos seguros de quererlo? ¿Compensa tanto adoptar nuevas tecnologías nada más salir al mercado? ¿No sería mejor pensar en vivir sin notificaciones? Eso que algunos llaman la vida simple. ¿Realmente somos más felices que los niños de esa tribu en mitad de una selva de Sudamérica?

Este lunes vendrá el repartidor de UPS. Me toca pensar si, cuando llegue, recoger el paquete o hacerme el muerto hasta que se vaya.

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